Chiloé

Lagos y Volcanes

Chiloé es un curso vivo de antropología dividido en más de 30 islas salpicadas por antiguas iglesias, muchas de ellas Patrimonio de la Humanidad. Chiloé no es para contarlo, sino para vivirlo y disfrutarlo.

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Tras cruzar el canal de Chacao en un ferry desde el continente, aparece la Isla Grande de Chiloé (un rectángulo de 250 km de longitud por 50 km de ancho) que forma parte del archipiélago del mismo nombre, constituido por unas treinta islas aproximadamente.

Recorre su geografía de suaves lomajes donde irán apareciendo apacibles poblados con sus casas de madera de vivos colores. Muy pronto te encontrarás con el encanto genuino de sus habitantes, los chilotes, mezcla de los colonizadores españoles y el pueblo huilliche, reconocidos por su hospitalidad. Las coloridas casas, construidas en pilotes sobre el agua, son los llamados “palafitos”, un clásico de la isla. Como también lo son sus iglesias, de madera y construidas entre los siglos 18 y 19, dieciséis de ellas declaradas Patrimonio Mundial por la Unesco.

Ancud, Castro y Quellón son sus principales ciudades, además de la emergente Península de Rilan, al norte de Castro, estos son el puntos de partida para descubrir los abundantes parajes y la rica gastronomía que guarda este enclave, su mitología y fiestas locales.

Navegar en kayak por los canales secundarios o tomar un transbordador hasta otras islas del archipiélago como Quinchao, Lemuy, San Pedro o el grupo Chauques es un experiencia que no olvidarás. Es así como podrás vivir de cerca la particular cultura de la gente de Chiloé, participar en sus fiestas y escuchar sus mitos y leyendas.

Como si no bastara con su cultura, en la Isla Grande de Chiloé el mar y los bosques convergen en un entorno solitario y salvaje. Podrás visitar el Parque Nacional Chiloé, en la parte occidental, y el Parque Tantauco en el sur. Allí podrás observar zorros chilotes, cientos de aves y ballenas jorobadas, que van rumbo a la Patagonia. Este parque también sorprende con su red de senderos de trekking entre alerces, arrayanes y cipreses.

¡Conoce la experiencia de nuestros visitantes en Chile, a través de este video! 


Ancud

Tras cruzar el canal de Chacao, entre lobos marinos y toninas, te sumergirás en un angosto camino campestre que llega a Ancud, ubicado al norte de la Isla Grande.
Lo mejor es empezar recorriendo su historia en el Museo Regional de Ancud, donde se exponen desde objetos que usaban los indígenas huilliches y chonos hasta fotografías del terremoto de 1960 que asoló esta ciudad. También se puede conocer la artesanía y mitología local que le da un toque de misterio a esta zona, antiguamente tierra de brujos y hechiceros. Otro lugar interesante es el Fuerte San Antonio, que levantaron los españoles a principios del siglo 19 (Baterías de Chaicura y Balcacura) , y que incluye lindas vistas al puerto.


Castro

Ubicado al centro de la Isla Grande de Chiloé, y a 172 kilómetros de Puerto Montt, Castro es el punto de partida para explorar este archipiélago. Entre colinas y una vegetación exuberante, esta ciudad cuenta con una cómoda infraestructura turística y está bien conectada con las otras localidades chilotas e islotes. Fundada en 1567 por Martín Ruiz de Gamboa, hoy es uno de los destinos favoritos de los mochileros.

Disfruta esta ciudad caminando, probando sus restaurantes marinos, recorriendo sus tiendas de artesanía y admirando los coloridos “palafitos” en la costanera, la clásica postal chilota.


Palafitos

Son casas de madera, recubiertas de tejuelas de madera, construidas sobre pilotes y que cuando la marea sube parece que estuvieran flotando. Podrás obtener la mejor vista desde el mirador del puente Gamboa.


Dalcahue

A sólo 20 km de Castro, en Chiloé, se puede ir por el día a recorrer el poblado de Dalcahue, que en lengua huilliche significa lugar de dalcas, es decir, de las embarcaciones originales que construían los primeros habitantes de este archipiélago. Se recomienda visitar esta localidad un domingo, cuando se celebra la Feria de Artesanía, donde participan los habitantes de todas las islas de los alrededores y amenizan cantores chilotes. Aquí se pueden encontrar los clásicos chalecos, bufandas y gorros de colorida lana, además de cestería, madera tallada, comida auténtica y dulces de la zona.


Chonchi

Este es un pequeño pueblo pesquero con un bonito mercado municipal y un restaurante sobre la bahía. Fue invadido por los piratas y antiguamente era un puerto de exportación de madera de ciprés, un árbol típico de Chiloé. Los colonizadores españoles llamaron a esta zona “el fin de la cristiandad”, porque desde aquí los misioneros jesuitas salían a evangelizar por los islotes cercanos y la zona más austral de la Isla Grande. Los mismos jesuitas levantaron la Iglesia de San Carlos de Borroneo, en Chonchi, una de las 16 declaradas Patrimonio Mundial por la Unesco.


Cucao

Para llegar a la bahía de Cucao, hay que avanzar en dirección al occidente y bordear el lago Huillinco.

Hasta aquí llegó Darwin en 1834 cuando desembarcó en Chiloé. Cucao sorprende con su enorme playa, solitaria, apacible y con un verde paisaje de fondo. Es un lugar ideal para galopar, hacer un picnic o pasar el día contemplando este exquisito rincón chilote.


Parque Nacional Chiloé

Se puede acceder desde Cucao, con sus ocho senderos que atraviesan la selva virgen y exuberante y donde es posible encontrar más de cien especies de aves, colonias de pudúes (ciervo chileno) y zorros. Destaca su sendero para visitantes con movilidad reducida que finaliza en una bella postal de un Humedal.


Parque Tantauco

Son 118.000 hectáreas de bosque nativo propio de los paisajes australes, con 154 km de costa en medio de una naturaleza prístina, en que dominan grandes extensiones de nalcas gigantes, bosques de tepú, canelos y olivillos, entre otras muchas especies. Sus solitarias playas sorprenden en medio de frondosos bosques con hermosas panorámicas al Pacífico y bellos atardeceres.


Visita las Iglesias de Chiloé

Una de las razones principales por las que la gente viene a Chiloé es por sus iglesias, 150 construcciones repartidas por toda la isla tan impresionantes que 16 de ellas están protegidas por la Unesco.


Trekking

Esta isla tiene una gran variedad de senderos para realizar esta actividad. Algunos de los lugares más destacados para esto son; El parque Nacional Chiloé, el cual cuenta con 8 senderos en total.

El muelle de las almas; ubicado hacia la costa pacífica de Cucao. Es un lugar maravilloso, con una vista a los acantilados y hacia el mar. Para llegar aquí se debe realizar una caminata por lomas y planicies por alrededor de 1 hora.


Avistamiento de aves

El Balneario de Caulín, más conocido como el Santuario de las Aves, es un lugar en donde se puede disfrutar del avistamiento de una gran cantidad de aves marinas tales como cormoranes, cisnes de cuello negro, flamencos entre otros.


La mejor época

La época ideal para visitar esta zona es de diciembre a marzo, porque el buen clima permite moverse, de isla en isla, en barcazas o lanchas y sin mayores problemas. También porque en enero se celebra la procesión del Nazareno de Caguach, la fiesta más popular de este archipiélago, y en febrero, el Festival Costumbrista en Castro.


Curanto

Es la tradición culinaria más importante de Chiloé y no te puedes ir sin probarla. El auténtico consiste en mariscos y carnes cocidos al vapor sobre piedras calientes, tapados con las grandes hojas de la nalca, todo bajo tierra. Se acompaña de chapaleles y milcao, especie de panes o tortillas hechas de papas.


Avistamiento de Pingüinos

Hay tours navegables (de septiembre a abril) para ver cómo se refugian y anidan los pingüinos de Humboldt y Magallanes en los islotes cercanos.


Los pasos de Darwin

Charles Darwin estuvo en Chiloé. Desembarcó en el pueblito de Cucao, conoció el Ancud de la época, la fauna y flora de esta isla y recorrió sus bosques. Para revivir su travesía y conocer su experiencia chilota, nada mejor que el libro “Darwin en Chile (1832-1835). Viaje de un naturalista alrededor del mundo”.


En bicicleta o por mar

Otra forma de recorrer la Isla Grande es en bicicleta. Se puede hacer por cuenta propia o sumándose a algún tour que cruza Chiloé por maravillosos senderos. Otra modalidad es en una de las pintorescas embarcaciones que organizan viajes por Castro y las islas aledañas, con alojamiento y rica comida marina a bordo.

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